¿Sufres del “síndrome del pendejo” en Venezuela?

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La periodista Valentina Lares redactó un artículo el mes de mayo con un toque sarcástico titulado “El síndrome del pendejo”, en donde describe según su apreciación la reacción de “auto-engaño” o de justificación por la que atraviesan los venezolanos cuando se les pregunta “¿por qué no te has ido de Venezuela?”. La Pequeña Venecia se escuentra sumergida en lo que podría ser catalogado como la peor crisis económica, política y social que ha atravesado el país. Por supuesto, todavía son muchos los venezolanos que por una razón u otra no se han ido, pero la pregunta queda revoloteando en la cabeza de cada uno: “¿sufro del síndrome del pendejo en Venezuela?”.

Lares describe a groso modo su percepción de los diferentes niveles de lo que denominó “síndrome del pendejo” en los siguientes párrafos de su artículo:

“Claro que hay niveles de ‘pendejitud’: si quieres irte y no puedes, si quieres y aún estás aquí, si puedes (el “poder” lo determina los recursos y capacidad “legal” para dar el salto) irte y no lo has hecho y si quieres y puedes y no lo has hecho. Si estás en este estrato tienes un número extra para ganarte el premio al pendejo del año, según las nuevas reglas de las zonas urbanas.

¿Y qué pasa con el que no quiere irse? Ese sí que rompe la barrera de la lógica, pues en la Venezuela de 2016 el que no quiere irse es una mezcla de pendejo con masoquista, algo que muy pocos están dispuestos a admitir públicamente.”

Lares continúa en su monólogo, expresando que todos los argumentos de los que se quedan en el país no son más que una “retahíla de peros, reales o imaginarios, que le sirven al pendejo en cuestión para explicarse por qué sigue en Venezuela”.

Según Lares, quien se queda en Venezuela es porque “se siente preso entre el amor a la patria y la curiosidad de ver cómo acaba esta pesadilla”.

La reflexión de Lares claramente tiene una tendencia crítica disfrazada de ese humor sarcástico típico de quien cree tener la verdad absoluta o, como se diría en mi pueblo, “a Dios agarrado por la chiva”.

Generalizar a ese extremo siempre deja gran parte de la verdad por fuera. Es muy simplista pensar que quien se puede ir de Venezuela y no se va es un pendejo, y peor aún es pensar que quien se quiere ir y no puede es pendejo igualmente sea cual sea su “retahíla de peros”.

La realidad es muy diferente para el venezolano que tiene una “clase media-alta” (ya no existe clase media) al que tiene apenas un sueldo mínimo y se ve obligado a tener que hacer de taxi o bachaquear para sobrevivir la crisis. ¿Cómo puede alguien que mantiene una familia tener acceso a un dólar paralelo y reunir para comprar un pasaje cuando apenas le alcanza para comer lo que produce?

En el caso de las personas que sean lo suficientemente preparadas para laborar a distancia desde Internet y ganar en otras monedas, puede ser al menos un poco más viable la opción de reunir con unos buenos proyectos en 1 año y aventurarse a partir a otro país.

Una gran cantidad de venezolanos ya han emigrado y lo seguirán haciendo. Es una realidad que se vive y se siente, las despedidas son cada vez más frecuentes en un año que las mismas reuniones de cumpleaños. Pero, ¿acaso esa situación de conveniencia de quien parte es suficiente para llamar pendejo al que se queda sea cual sea su circunstancia? Entonces, ¿qué queda para aquellos que deciden creer en el país y aunque se puedan ir no lo hacen? ¿En qué los convierte eso?

Nadie sabe lo que siente cada persona en su interior, ni las motivaciones exactas que puedan llevarlo a tomar las decisiones más difíciles de su vida. Sentir respeto por todos es en mi opinión lo primordial para ser mejores venezolanos, dentro o fuera del país.

Si hay que llamar pendejo a alguien, pues que sea al corrupto, al de la viveza criolla, al delincuente, al criminal, al que señala con el dedo a los demás para criticar su desgracia o burlarse de ella.

Ojalá llegue el día en que un 5 de Julio en Venezuela sea una fecha para celebrar cívicamente con alegría. Pues como dijo mi gran amigo Memo: “Veo a tanta gente que vive en USA, venezolanos recién idos todos, por las redes sociales celebrando el 4 de Julio con bandera de USA y todo en las manos, felices viendo fuegos artificiales y demás… me gustaría ver a esa misma gente ondeando al menos una banderita de Venezuela el 5 de Julio, dia de la proclamación de la independencia de nuestro país. ¡Que rápido se ‘gringolizaron’ vale…”

Es parte de un proceso de adaptación sentir que se pertenece al lugar donde vives, es completamente normal que poco a poco el venezolano se pueda italianizar viviendo en Italia o se pueda americanizar viviendo en Estados Unidos, etc. La cuestión es, ¿qué tan rápido ocurre esto? ¿Son estas expresiones precoces reales o simplemente son una manifestación más de un ego que estaba secuestrado y que ahora sintiéndose libre busca como sea llamar la atención y acumular likes en redes sociales?

En realidad no tiene la mayor importancia, cada quien es libre de hacer con su vida lo que quiere en donde quiera. Pero, no me gustaría escuchar ningún venezolano disfrazado de extranjero por tener 6 meses fuera del país llamar “pendejo” a cualquier otro que permanece viviendo en Venezuela. Porque ese muy bien podría ser un síntoma digno de estudio que Lares debería considerar en su diagnóstico del “síndrome del pendejo”.

Y tú, ¿sientes que estás sufriendo del “síndrome del pendejo” en Venezuela que expone Lares? Déjanos tu opinión en los comentarios abajo.

La fotografía del artículo pertenece a los maestros Carlos Cruz-Diez y Liu Bolin juntos en una “mimetización” en Panamá sobre una de las más famosas obras de Cruz-Diez.