La generación de las putas alegres

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Quiero aclarar desde un inicio que este artículo no esconde ninguna doble moral. A los hombres heterosexuales nos encantan las putas. Nos hacen la vida más llevadera, más colorida, alivian estrés, cumplen fantasías, sirven de colirio, pasatiempo, ejercicio, y por qué no, hasta nos ayudan a gastar ese dinero que no sabemos en qué gastarlo.

Hablando seriamente, la prostitución ha existido desde que el  hombre y la mujer caminan por la tierra. Con el tiempo, se convirtió en un trabajo mucho más lucrativo después de la institución del matrimonio. Las prostitutas han tenido un rol protagónico en la historia de la humanidad: María Magdalena, Madame Pompadour, Scylla, Lorraine Page, Belva Gartner, Teodora de Bizancio, Lucille LeSueur (Joan Crawford)…

En fin, este artículo no se trata de una clase de historia de la prostitución. Se trata de la generación de putas orgullosas que invaden las redes sociales actualmente.

Es un fenómeno digno de estudiar diría yo, porque pareciera partir de algún tipo malformado de ideología de liberación femenina, pero de verdad muy mal enfocada. La liberación femenina debería exaltar la feminidad, explotar las mejores cualidades de ser mujer:  su belleza intrínseca, su sensualidad, su delicadeza, su capacidad de dar a luz y su instinto maternal, a la par de defender su igualdad de derechos en la sociedad junto al hombre.

Una mujer es capaz de realizar cualquier trabajo y destacarse tanto o mucho más que cualquier hombre y viceversa. Esto no lo pongo en duda. Sin embargo, lo que realmente define la conducta es la mentalidad del ser de cada individuo, una mentalidad que puede ser femenina o masculina. Allí sí podemos tener un cruce entre género y mentalidad, porque es válido que existan mujeres con mentalidad masculina así como hombres con mentalidad femenina.

Aclarando esto, quiero enfocarme en el universo del género de mujeres con mentalidad femenina.

Una vez ubicados allí, los invito a que se den un paseo por sus redes sociales: twitter, Facebook, instagram, snapchat, y todas las demás que quieran visitar. Al cabo de poco tiempo se encontrarán con un sin fin de personalidades (unas más populares que otras) que se dedican a explotar su sexualidad. Esto ha ocurrido desde siempre, quizá ahora es más notorio porque tenemos las redes sociales literalmente en el bolsillo, siempre al alcance de nuestra mano. Lo curioso, es que en ese universo de personalidades sexistas, de un tiempo para acá, ha habido una proliferación de chicas (bastante jóvenes muchas de ellas). Estas chicas se caracterizan por ser despampanantes, voluptuosas, sexys, provocaticas y pare de contar adjetivos calificativos para describir una mujer que está “explotada de buena” como se diría en el más burdo lenguaje coloquial. Obviamente, los hombres no podemos quejarnos, tenemos el colirio que jamás se acaba, podemos bucear sin esfuerzo y desatar todo impulso sexual en los comentarios de los perfiles de dichas chicas. Todo parece estar perfectamente bien hasta este punto.

La cosa se complica cuando vemos que la tendencia es que estas personas comienzan a desarrollar ínfulas de sabiduría en cuanto aspecto de la vida se refiere. Hay quienes se auto-proclaman maestras del erotismo, sexólogas natas, psicólogas por naturaleza, etc. Sin ningún tipo de certificación avalable. Desbordan en sus redes sociales explosiones de ego y vanidad que jamás antes habíamos visto y con un orgullo desmesurado.

Por supuesto, todos los seguidores hombres las veneran y las elogian, pero sería sensato apostar a que ninguno quisiera casarse o engendrar hijos con ellas, al menos mientras continúe con ese “trabajo”, hobbie o como lo quieran llamar.

Todo este circo es un engaño al que ellas mismas se someten, porque la cantidad de elogios no les deja ver que en realidad ese estilo de vida no es plausible, sino “admirado” por quienes de una u otra forma tienen problemas de autoestima o sencillamente sucumben ante la inevitable sensación de atracción sexual por ellas, bien sean hombres o mujeres.

Al final me gustaría decir que son muy inteligentes y se ganan la vida de una manera fácil. Pero realmente lo que veo es que se están convirtiendo en una maquinaria de arrastre de las próximas generaciones de niñas o adolescentes, para convertirlas en objetos sexuales de la sociedad o tristemente en una especie de generación de “lolitas” de las redes sociales. Muy importante la labor de los padres para orientar a sus hijos en este aspecto.

Sinceramente, es increíble como hombres y mujeres nos vemos atraídos por estas personalidades. Un fenómeno de verdad que este simple artículo se queda corto en analizar.

Si tuviese que apuntar un origen cercano de toda esta revolución sexual femenina por redes sociales, tendría que decir que lo empecé a notar después de que se comenzó a hacer famosa Diosa Canales. Mujer voluptuosa quien rápidamente se convirtió en modelo erótica fitness, bailarina y recientemente cantante. Diosa asumió con arrogancia y pedantería su “putería” desde sus inicios y lo ha venido desarrollado como carrera, por lo menos, sin mayores pretensiones de convertirse en “maestra” de sus seguidores, ella sólo se proclama la vedette de Venezuela.

Antes de Diosa, ya existían chicas convencionales mostrando escotes y fotos atrevidas por las redes sociales, pero nunca con tanta perversidad como las de ahora. Ojo, acá no estamos hablando de páginas pornográficas ni actrices del mundo porno. Estas son mujeres comunes, algunas trabajan en radio, son abogadas, comunicadoras sociales, modelos aficionadas, etc. En algunos casos carecen de algún estudio especializado, o ni siquiera han culminado el bachillerato.

Muchas de estas “profesoras” sin certificación ni pedagogía ya son madres, pero pareciera que no les preocupa que sus hijos vean su ejemplo como un rol a seguir. Aparentemente, se sienten tan orgullosas de su desnudez pública y su “putería” que quisieran infectar a todo aquel que las conoce con esa sensación de complacencia.

Podemos ver como estas chicas dan recomendaciones sexuales en un programa de radio para que las personas tengan relaciones anales, pero olvidan sugerir continuamente que debería ser con preservativo para evitar el contagio de infecciones o enfermedades de transmisión sexual. Podemos ser testigos de cómo invitan a otras chicas a igualarse y tener una conducta pública que explote su sexualidad, sin realmente incentivar a la reflexión acerca de las consecuencias de los actos sexuales o la expresión del comportamiento erótico.

Hay un eslogan que me gustó de una de estas muchachas, llamada Yeilove, que dice: “Más cerebro que silicón.” (lástima que las franelas que he visto las escribieron sin la tilde, que debe usarse incluso hasta en mayúscula). De verdad me parece que su intención fue buena al crear el eslogan, se ve que quisiera incentivar a mujeres y hombres a pensar de una manera responsable e inteligente, pero sus herramientas carecen del nivel suficiente para entregar esta enseñanza de forma efectiva. En su lugar, el mensaje del eslogan se pierde entre su ordinariez y sus senos… tontamente, ella se convierte en la antitésis de su legado.

Por nombrar otro caso de una de estas chicas, tenemos a Jennifer Aboul. Una muchacha agraciada y voluptuosa que se dedica a bailar en pelotas (aficionada al twerking, básicamente mover el trasero), tatuarse (me gustan los tatuajes), fumar hierba (no tengo nada en contra de la hierba, cada quien que consuma responsablemente lo que desee) y dar talleres de “cómo ser sexy?” a otras mujeres junto a Yeilove. Me gustaría saber ¿qué estudios las califican para dar estos talleres? O si al menos tienen algún tipo de preparación profesional en sexología o cualquier certificación por mínima que sea, algo que respalde el origen de su conocimiento profesional y técnica para ser sexy y saberlo enseñar con responsabilidad.

Al final, cada quien es libre de expresarse como lo desee en la vida. Es labor de cada quien ser responsable de sus actos una vez que es considerado mayor de edad o adulto. Pero creo que aquellos cuya influencia llega a muchas más personas por su popularidad, deberían prepararse más y mejor que el resto, para no transmitir mensajes o enseñanzas perjudiciales de forma irresponsable a su fanaticada o seguidores.

En conclusión, mi mensaje es sencillo: no se dejen llevar por todo lo que oyen o todo lo que ven. No todo lo que brilla es oro. Todos queremos llegar a disfrutar de un oasis, pero hay que saber distinguir los espejismos.

Si el difunto ganador del nobel de literatura de 1982, Gabriel García Márquez, hubiese vivido su juventud en esta época, quizá habría titulado su última novela “memoria de mis putas alegres”.

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Actualización: No dejes de leer la opinión de Yeilove con respecto al artículo #LasPutasAlegres.

Escucha la entrevista al autor del artículo “La generación de las putas alegres” transmitida por TNO Radio en “Entre Tenis y Tacones”.

No dejes de leer el artículo “Si todo hombre tiene algo de mujeriego, entonces toda mujer tiene algo de… ¿P#%a?”.