Código Venganza: Jason Statham vuelve a repartir golpes sin frenos

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Jason Statham parece haber encontrado una fórmula que conoce mejor que nadie: darle vida a hombres aparentemente comunes que esconden un pasado mucho más peligroso de lo que dejan ver. “Código Venganza” vuelve a colocar al actor británico en ese territorio y lo reúne nuevamente con el director David Ayer, después de su colaboración en El apicultor. El resultado es un thriller de acción violento, directo y diseñado principalmente para quienes llegan al cine buscando golpes, persecuciones, tiroteos y a Statham haciendo lo que mejor sabe hacer.

En esta ocasión, Statham interpreta a Levon Cade, un antiguo militar de operaciones especiales que intenta dejar atrás su vida anterior para dedicarse a algo mucho más tranquilo: trabajar en la construcción. Levon ha cambiado las misiones secretas por el casco, las herramientas y una rutina relativamente sencilla. Sin embargo, esa nueva vida se derrumba cuando la hija de su jefe desaparece después de caer en manos de una peligrosa red criminal.

Lo que comienza como un favor personal rápidamente se convierte en una misión de rescate. Levon decide utilizar nuevamente las habilidades que había intentado sepultar y emprende una búsqueda que lo lleva directamente hacia una organización criminal mucho más grande y brutal de lo que imaginaba.

Una historia que no pretende reinventar el género

Uno de los principales problemas de “Código Venganza” es también una de sus características más evidentes: la película no intenta ser particularmente original.

La estructura resulta familiar. Tenemos a un protagonista con un pasado letal, una persona inocente que debe ser rescatada, criminales despiadados y un hombre que decide enfrentarse prácticamente solo contra todos ellos. Es una combinación que recuerda inevitablemente a películas como Búsqueda implacable y, en determinados momentos, al universo de John Wick.

Pero tampoco sería justo juzgarla únicamente por lo que no pretende ser. “Código Venganza” entiende perfectamente qué tipo de película quiere ofrecer. No estamos ante un thriller interesado en desarrollar complejas reflexiones sobre la condición humana ni en sorprender al espectador con constantes giros argumentales. Su objetivo es mucho más sencillo: poner a Jason Statham frente a una colección de tipos desagradables y dejar que resuelva los problemas a puñetazos, balazos y golpes de una contundencia considerable.

Y en ese aspecto, la película cumple.

Jason Statham interpreta a… Jason Statham

Si existe un actor que ha convertido su propia personalidad cinematográfica en una marca registrada, ese es Jason Statham.

Levon Cade tiene pocas palabras, una mirada permanentemente seria y una capacidad aparentemente ilimitada para enfrentarse a grupos enteros de delincuentes. No es precisamente un personaje lleno de matices, pero Statham sabe cómo hacerlo funcionar.

El actor no necesita grandes discursos para transmitir que su personaje es peligroso. Una mirada, un cambio de expresión o la manera en que entra en una habitación suelen ser suficientes para comunicar que alguien está a punto de pasar un muy mal rato.

La película tampoco intenta esconder las similitudes entre Levon y muchos de los personajes anteriores de Statham. Al contrario, prácticamente las abraza. Es como si el filme entendiera que buena parte del público no está entrando en la sala para descubrir una nueva faceta del intérprete, sino para disfrutar precisamente de aquello que lo convirtió en una de las figuras más reconocibles del cine de acción moderno.

David Ayer apuesta por la violencia

La dirección de David Ayer aporta una estética áspera y bastante más oscura que la de una película de acción convencional.

El director construye un mundo poblado por criminales exagerados, lugares sórdidos y situaciones cada vez más violentas. Hay momentos en los que la película parece querer acercarse al thriller criminal tradicional, mientras que en otros abraza sin demasiadas reservas el espectáculo de acción.

Ese cambio de tono puede resultar irregular. Algunas escenas parecen tomarse demasiado en serio a sí mismas, mientras que otras prácticamente parecen una invitación a disfrutar del absurdo de ver a Statham enfrentándose a una cantidad desproporcionada de enemigos.

Paradójicamente, cuando la película deja de intentar aparentar que está contando una historia especialmente profunda es cuando mejor funciona.

Las escenas de acción son el verdadero atractivo

Si el guion no representa precisamente el elemento más novedoso de “Código Venganza”, las secuencias de acción compensan buena parte de esa carencia.

Statham utiliza prácticamente todo lo que encuentra a su alrededor como herramienta de combate. Puños, armas, objetos cotidianos y elementos del entorno terminan convirtiéndose en instrumentos para acabar con sus adversarios.

Las peleas tienen un componente físico que encaja perfectamente con la presencia del protagonista. No estamos ante coreografías extremadamente estilizadas como las de determinadas producciones asiáticas o ante la precisión casi acrobática de John Wick. Aquí los enfrentamientos buscan sentirse más brutales, rápidos y contundentes.

Cada golpe parece diseñado para que el espectador pueda sentir el impacto.

Y aunque algunas situaciones requieren aceptar una considerable suspensión de la incredulidad, ese probablemente sea uno de los requisitos para disfrutar realmente de la película.

Un protagonista más humano de lo habitual

Uno de los aspectos más interesantes de Levon es que detrás de su faceta de máquina de combate existe un hombre que intenta recuperar una vida normal.

Su relación con su hija y los problemas derivados de su pasado aportan una dimensión emocional que evita que el personaje sea simplemente una máquina de matar con rostro inexpresivo.

El problema es que el guion no desarrolla suficientemente algunos de esos elementos. La película presenta conflictos personales que podrían haber servido para construir un protagonista mucho más complejo, pero rápidamente vuelve a aquello que realmente le interesa: encontrar a los responsables, localizarlos y golpearlos hasta que dejen de representar una amenaza.

Por eso, la parte emocional funciona mejor como complemento que como verdadero motor dramático.

¿Es una de las mejores películas de Jason Statham?

Probablemente no.

“Código Venganza” difícilmente alcanza el nivel de algunas de las mejores películas de acción de Statham y tampoco posee la personalidad suficiente para convertirse en un nuevo referente del género. Incluso dentro de su filmografía reciente, resulta difícil no compararla con El apicultor, una película que abrazaba su propia exageración con mayor energía y sentido del humor.

Sin embargo, eso no significa que sea una mala película.

Su mayor virtud consiste precisamente en no complicar innecesariamente una propuesta que sabe cuál es su público. Quienes busquen una historia sofisticada, personajes extraordinariamente desarrollados o una reinvención del género probablemente terminarán decepcionados. Pero quienes disfruten del cine de acción clásico, los protagonistas prácticamente indestructibles y las películas en las que el héroe resuelve los problemas de la manera más física posible probablemente encontrarán suficientes motivos para pasar un buen rato.

“Código Venganza” es una película de Jason Statham en el sentido más puro de la expresión. Tiene un protagonista duro, criminales despiadados, una misión de rescate, abundante violencia y suficientes enfrentamientos para mantener ocupada la pantalla.

Su historia es predecible y en algunos momentos demasiado seria para lo disparatadas que llegan a ser determinadas situaciones. También se nota que el género ha utilizado muchas veces esta misma fórmula.

Pero Statham continúa teniendo una presencia cinematográfica difícil de reemplazar. Cuando entra en acción, la película recupera inmediatamente su propósito y recuerda por qué el actor sigue siendo uno de los grandes nombres del cine de acción contemporáneo.

No es una película que vaya a cambiar las reglas del género.

Es, sencillamente, una película para ver a Jason Statham haciendo aquello que el público espera de Jason Statham. Y, para muchos espectadores, eso puede ser más que suficiente.