Un Deseo. Un Instante.

De acuerdo a alguna enseñanza de los textos védicos, un deseo nos separó de la eternidad para hacernos piel. Un simple deseo, por insignificante que parezca, fue la causa que originó el latido de nuestro corazón. ¿Cuál fue ese deseo? ¿Una caricia? ¿Una sonrisa? ¿Volver a amar? ¿Volver a perdonar? ¿Nacer una vez mas? Quizás morir… O matar.

De acuerdo a alguna enseñanza cabalística, nacemos y llegamos a vivir una vida de hasta más de 80 años por un instante. Por una oportunidad de hacerle el bien a alguien, de hacerle un favor a otro ser humano. Nunca sabremos si ese instante ya pasó o no. Tampoco sabremos quién fue o será el receptor de nuestro buen obrar. Sólo sabemos que le debemos nuestra vida a ese instante y a ese encuentro. ¿Quién fui o seré en ese momento? ¿Un ser humano cansado o apurado? ¿Una persona cargada de temores y resentimientos? ¿Un ángel? ¿Un maestro? ¿Un tirano? ¿Esperanza o caos? ¿Cuál fue o será mi rol en ese –este- instante?

Nos toma toda una vida desprendernos o renunciar a ese deseo que detonó nuestra existencia humana. Tras el deseo, nuevamente la eternidad.

Mientras esperamos el instante que le da sentido a nuestra vida podemos hacer muchas otras cosas: descansar, trabajar, soñar, amar, construir, destruir, luchar, odiar… Pero nacimos por ese –este- instante. Ningún aparente logro o desatino puede restarle importancia al propósito de nuestra vida.

Estas enseñanzas nos recuerdan que un deseo nos hizo piel y un instante le da sentido a nuestra existencia. Lo que hagamos con este deseo y con este instante depende de cada uno de nosotros. Esa decisión lleva nuestro nombre y nuestro apellido. Esa decisión es nuestra vida.

¿Qué es aquello que más deseo en la vida?

¿Qué quiero hacer de y con ese –este- instante?

Vale la pena vivir, después de todo.

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Textos védicos

Enseñanza cabalística

  • Gubatron

    En mi caso fue gracias a un millar de deseos, por lo cual aun me quedan muchos instantes. 🙂